Este territorio, que origina el veinte por ciento del oxígeno en nuestro planeta, está crecientemente amenazado por las políticas del actual gobierno brasileño y la falta de atención internacional. La mayor selva tropical del planeta desaparece a velocidad galopante. Y, como lo muestran las cifras, en Brasil la situación empeora día a día desde que Jair Bolsonaro asumió la presidencia hace siete meses.